Según Rodríguez, citado por Barquero (2014:2) plantea: “La familia es el principal eslabón social donde los niños y las niñas aprenden sobre el diálogo, la tolerancia, la solidaridad, el respeto a los derechos humanos y la búsqueda de la justicia, entre otros. Los aprendizajes obtenidos en esta instancia, posteriormente se multiplicarán en el intercambio que las personas mantengan con la sociedad.”

La familia desempeña en los primeros años de la vida del individuo una función de excepcional relevancia, porque canaliza su relación con la realidad del mundo. Los padres constituyen la principal referencia para la socialización de los hijos, mediante la transmisión de creencias, valores y actitudes, que incidirán en su desarrollo personal y social.

Sin duda es fundamental la tarea de las familias en entregar valores a sus hijos, además de habilidades sociales, que serán de gran relevancia para enfrentar etapas posteriores del desarrollo, como la adolescencia.

Según Estay, Jara y Mora (2009:30) plantea: “Afrontar el sufrimiento de niños y niñas en condiciones de riesgo y vulnerabilidad no es, en ningún caso, una tarea que pueda realizarse simplemente desde las armaduras de la razón. Por ello, saber teóricamente que la familia es un sistema, y que este se entiende como una totalidad relacionada de elementos en interacción dinámica en el que el estado de cada uno está determinado por el estado de los demás elementos constituyentes, nada nos dice del tenor y los ribetes particulares del sufrimiento allí experimentado”.

Por lo anterior, es importante poder intervenir psicopedagógicamente aportando en la entrega de herramientas hacia la familia,  contribuyendo a la reparación emocional de los niños y niñas que han sido víctimas de algún delito violento, aportando de esta forma a su desarrollo de forma integral. Además es importante indagar si la situación vivida afecta de una u otra manera en el desempeño, motivación y conducta en el establecimiento educacional.

Según Torio, citado por Hernández (2007:13) menciona: “La relación familia-escuela es cuando menos compleja…” Esto debido a que la comunicación que se genere entre ambas dependerá de las características individuales tanto de la familia, como del establecimiento, lo que provoca la incomunicación que contribuye a un mayor distanciamiento entre los dos sistemas, afectando de forma directa al proceso de enseñanza de los alumnos y alumnas, quienes de una u otra forma absorben este clima adverso y aprenden en situaciones desfavorables para su desarrollo. Por lo tanto en educación lo primordial es mantener el diálogo entre ambos sistemas para encontrar puntos de convergencia que permitan la comunicación fluida y la participación activa de los padres en el contexto educativo de sus hijos e hijas.

Considerando el punto anterior, cabe señalar que tanto la escuela como la familia deben presentar la disposición a trabajar en conjunto, para lograr mejores resultados en los alumnos y alumnas, pero no solo en el ámbito académico, sino también en el ámbito social y de comunicación, contribuyendo así a mejorar diversos factores que influyen en la conducta y rendimiento de los niños y niñas.

Por lo tanto, debe considerarse todo el contexto que rodea al niño o niña, al momento de intervenir. Manteniendo una adecuada comunicación entre los entes que rodean al individuo.

En relación a las consecuencias que se pueden generar luego de haber sido víctima de algún delito, Marchiori (1997) según manual de capacitación en temas victimo lógicos (2009:23) plantea: “La experiencia de victimización no solo implica una vivencia traumática para la víctima, sino también para el grupo familiar al cual esta pertenece. En efecto, existe una estrecha relación entre los procesos emocionales de la víctima y su familia, influyéndose recíprocamente…” Por lo tanto cualquier situación vivida por algún integrante de la familia, afectará de una u otra forma al resto del sistema, generando una crisis y desequilibrio familiar, por lo que es necesario intervenir de manera sistémica en donde se involucre a todo el contexto familiar  favoreciendo la reparación y recuperación del sistema familiar afectado.

Aliste y Escala (2006) citado en Manual de capacitación en Temas Victimológicos (2009:24) señala: “En este sentido, la dificultad que enfrenta la familia para construir un soporte emocional para el integrante que ha sufrido la agresión, representa una importante área de conflicto…” Por esto es fundamental el trabajo e intervención con toda la familia, ya sea de manera preventiva, en relación a emplear estrategias que permitan el desarrollo afectivo y vínculos positivos dentro de la familia, generando un clima de buen trato entre sus integrantes. Además se puede realizar una intervención enfocada en la reparación y superación de ciertos acontecimientos dolorosos que pueden surgir en el sistema que es la familia, donde lo principal será generar la comunicación, empatía y reconocimiento entre los integrantes.

Según Estay, Jara y Mora (2009:31) señala: “Analizar el sistema y la organización familiar de los casos a tratar, implica en primer lugar, generar aperturas discursivas y espacios de intercambio con y entre los miembros de la familia…” Esto es fundamental a la hora de realizar una intervención integral y sistémica, el hecho de generar instancias de dialogo y comunicación en familia, permite a dicho sistema dar a conocer opiniones y apreciaciones que pueden ser valiosas para superar el desequilibrio o crisis que están viviendo, por lo tanto lo primero será poder conversar, comunicar situaciones que no se han planteado y comprenderse mutuamente, entregándole valor  cada integrante de la familia, considerándose todas las apreciaciones como validas.

 Una comprensión eficaz de la noción de sistema orientada a la intervención ha de entender que no sólo la familia, la escuela, el barrio, entre otros, son sistemas, sino que también lo es la intervención. En este sentido, es necesario considerar la escucha, la promoción de factores protectores y la rehabilitación, fortalecimiento y apoyo de las competencias parentales como partes de un sistema comunicacional orientado a re-definir los modos en que se produce el cruce de construcciones discursivas significativas para los participantes de la intervención. La estructura y organización familiar, al escucharse a sí misma tiende a adquirir la capacidad de interpretar su propia realidad desde una perspectiva crítica, aún más cuando los profesionales a cargo de la intervención reivindican la confianza en la comunicación y el intercambio de posiciones.

En esta dirección, según Watzlawick (1997) Citado por Según Estay, Jara y Mora (2009:32)señala: “Lo relevante es observar que la comunicación implica considerar no sólo el nivel semántico de una comunicación (nivel digital), sino también el emisor, el receptor, el entendimiento de un mensaje, la interacción, la puntuación de las secuencias comunicacionales entre los participantes, etc. (Nivel analógico)”.

La importancia y relevancia de la intervención, más allá de las evaluaciones diagnósticas y de los planes generales y específicos de acción, se produce cuando padres, madres o cuidadores, se enfrentan emocionalmente con su desempeño y son capaces de evaluarse a sí mismos en relación a las necesidades de sus hijos o niños a cargo.

La alianza entre los profesionales y los padres o cuidadores, es aquello que permite concretar este proceso de evaluación. Cabe destacar, además, que esta alianza es posible sólo sí los profesionales no despliegan juicios morales condenatorios sobre el desempeño de los padres o cuidadores, no significando ello que se obvien las incompetencias parentales y los malos tratos acaecidos sobre los niños y niñas.

Por lo tanto, es fundamental intervenir desde la Psicopedagogía de manera  holística en donde se integre a toda la familia y el entorno del alumno, atendiendo los procesos deficitarios o alterados que se detectó ante la evaluación diagnóstica, planificando un trabajo personalizado tomando en cuenta fortalezas y debilidades que se presentan para apuntar al desarrollo de habilidades cognitivas, escolares y de comunicación, contribuyendo al desarrollo integral de la persona en cuestión, así  podrá gestionar cambios a nivel familiar, favoreciendo a todas las personas que integran este grupo familiar.

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