- Centro de salud mental: Acá podemos encontrar escolares con diferentes problemáticas, se trabaja en función de dicha problemática vinculando los proceso de enseñanza- aprendizaje.
- Centros abiertos: Donde van los escolares en jornadas alternas a la escuela.
- Hogares de menores: Donde viven algunos menores, por diferentes temáticas.
- Instituciones de educación terciaria: Donde van los jóvenes y adultos a formarse en alguna profesión o a perfeccionarse.
- Medio laborales: Donde están los adultos activos que han tenido problemas de aprendizaje y tiene secuelas.
- Hogares de ancianos: Que comienzan a deteriorase con relación a sus procesos cognitivos y afectivos sociales.
- Entre otros.
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Caracteristicas de un Psicopedagogo en el ambito Comunitario
- Tener un carácter abierto y optimista.
- Debe tener un espíritu de colaboración para el trabajo en equipo.
- Debe tener una buena y positiva disposición personal hacia la actividad socioeducativa.
- Ser una persona creativa y capaz de afrontar situaciones no previstas.
- Gozar de una personalidad equilibrada emocinalmente.
- Ser capaz de establecer relaciones interpersonales, y poseer capacidad empática y comunicacional.
- Ser capaz de fomentar la participación y colaboración como requisitos para una acción de ayuda para la autoeducación.
- Saber respetar las ideas y concepciones que circulan en la comunidad en la que intervienen, es decir, ser capaz de intervenir la realidad social, sin que las ideas personales influyan o determinen su trabajo.
- Ser lo suficientemente sensible para conducirse éticamente en su quehacer profesional.
CAVI en la región de Aysén
Dentro de los 14 años que lleva esta institución en nuestra región un total de 1086 familias víctimas de algún delito grave, y la participación en 128 juicios orales, obteniendo condena en 98 de ellos, son algunos de los resultados del trabajo que ha venido desarrollando.
De esos 1086 casos, el 53,6% han sido víctimas de un delito sexual (violación, estupro o abuso sexual) un 80% de las víctimas son menores de edad, ahora el 25% han sido delitos contra las personas entre los que se encuentran un número significativo de homicidios, a su vez el 72% de las personas que han sido representadas legalmente o que han buscado ayuda, cuando ellas o algún familiar ha sido víctimas de delito, son mujeres. Respecto del perfil de las victimas según tipo de delito, por ejemplo en los homicidios, la víctima en un 73% corresponde a hombres, siendo las madres, esposas hermanas u otros quienes buscan ayuda y representación legal. Así, el sexo de la víctima está asociado al delito, siendo en el caso de los delitos contra las personas en un 52% varones; y en el caso de los delitos sexuales el 84% de las víctimas, son mujeres.
Del total de los casos atendidos, sobre el 80% han sido intervenidos profesionalmente, en forma integral, atendiendo a la familia en su conjunto, participando todo el grupo familiar de terapias e intervención, esto dado que el daño asociado a la comisión de un delito afecta regularmente a todo el grupo familiar. En el caso de los delitos sexuales, cuyas víctimas han sido un niño o niña, o adolescente, también se ha trabajado integrando al grupo familiar, debido a que los padres requieren indicaciones para manejar adecuadamente este tipo de situaciones, que le permitan abordar y contener a las víctimas en forma adecuada. Por ello se brinda una atención integral, del área jurídica, psicológica y social, elaborando planes de intervención caso a caso, por el tiempo que cada familia requiera para restablecer sus niveles de funcionamiento luego de la comisión de un delito. Los tiempos de atención varían según el delito, no obstante el 46% de los casos recibe en promedio, una atención que va desde los 6 meses a un año.
Dentro de las fortalezas de la institución se observa el trabajo multidisciplinario que realizan los profesionales, aportando a la reparación integral de las víctimas de delitos violentos que asisten al centro.
Por otra parte, como debilidad se puede mencionar que dentro de la intervención integral que se realiza, no se considera el ámbito educativo de los niños que se encuentran en edad escolar, por lo que no cuentan con psicopedagogos, quienes pueden ser un importante mediador entre la escuela y las familias, aportando de manera significativa a la intervención integral que se realiza.
CAVI y su finalidad
La finalidad del CAVI, se centra en la atención de víctimas de delitos violentos, los cuales cumplen un rol fundamental al convertirse en una instancia real, a la cual la víctima puede acudir recibiendo una atención integral por parte de un equipo profesional especializado, enmarcado en la misión institucional de proporcionar asistencia jurídica, psicológica y/o social a personas de escasos recursos, naturales o jurídicas sin fines de lucro, como una forma de asegurar la igualdad en el ejercicio de sus derechos, de acuerdo al mandato constitucional.
Los centros de atención a víctimas de delitos violentos, atienden a personas de distintos rango etario. Estos centros han demostrado su especialidad y pertinencia en la intervención profesional. Han ido más allá de un simple centro de atención destacándose por una intervención profesional integral, sistémica, personalizada. Por lo anterior, esta investigación pretende conocer cómo influye la relación que existe entre el CAVI y las escuelas de las víctimas de delitos violentos en edad escolar. Además de averiguar si estas víctimas, cuentan con un apoyo Psicopedagógico e infraestructura y material idóneo para fortalecer sus aprendizajes. Potenciando así una intervención integral.
Como bien se sabe esta institución entrega apoyo a nivel psicológico, social y así también asesoría judicial, pero existe una carencia a nivel escolar ya que no existe una mayor intervención, ni así tampoco profesionales que apoyen este proceso por lo que no se realiza una intervención 100% integral.
La historia de estos centros de Atención a Víctimas de Delitos Violentos de las Corporaciones de Asistencia Judicial se remonta al año 1994 con la creación de una unidad de atención a víctimas en la comuna de la Pintana en la ciudad de Santiago que otorgaba asistencia jurídica y atención psicológica a las víctimas de delitos violentos, experiencia que es conocida por la dirección General de la región de Valparaíso el año 1999 mediante una invitación realizada por el departamento de Asistencia Jurídica del Ministerio de Justicia, con el objetivo de conocer esta nueva experiencia la que había nacido como proyecto piloto adscrito a la Ilustre Municipalidad de La Pintana.
Comunicación y trabajo multidisciplinario
Careaga, R. (1996:5) plantea: “La Psicopedagogía como la disciplina que estudia la naturaleza y los procesos del aprendizaje humano, formal y no formal, contextualizados y sus alteraciones”.
El establecimiento de una conceptualización como ésta puede ser la génesis que permita visualizar la disciplina desde una perspectiva teórica incluyente y excluyente de otras ciencias y disciplina. El análisis de la definición permite precisar y extrapolar líneas de acción, investigación y teorizaciones futuras.
Según Riera, J.(1996) Citado por Careaga (1996:6) afirma: “Es necesario avanzar hacia una conceptualización aún más amplia a este respecto. No sólo el sujeto con alteraciones del aprendizaje es materia psicopedagógica. El que aprende normalmente es un sujeto con potencialidades pocas veces posibilitadas por el sistema. De tal manera que la optimización de los procesos de aprendizaje y de enseñanza y el aporte psicopedagógico al diseño y ajuste de los currículos, son un campo interesante”.
Considerando esto, es importante destacar la labor que se puede realizar en otros ámbitos, ya sean formales o no formales, en los cuales generalmente se debe trabajar con equipos multidisciplinarios, con el fin de generar un trabajo que se enfoque al desarrollo e intervención integral de las personas con las que se trabaja. Por lo tanto es imprescindible mantener una adecuada comunicación entre profesionales, con el fin de entregar la información que se obtiene desde todos los contextos que rodean a las personas, de la mejor forma, permitiendo que esta sea una comunicación efectiva, manteniendo siempre el enfoque en la persona a intervenir, por esto se habla de equipo multidisciplinario, porque se trabajan diversas áreas aportando cada profesional desde su disciplina, pero con un fin en común, que es la intervención en la persona y su contexto más cercano.
Pizarro, R. (S/A: 11) define: “El equipo multidisciplinario es aquel que esté formado por un grupo de profesionales de diferentes disciplinas, donde uno de ellos es el responsable del trabajo que se lleva a cabo. Sin embargo, requiere del aporte del resto de los profesionales para obtener el logro de los objetivos comunes”. Es decir, que el trabajo en equipo es primordial para el logro de los objetivos en común que se proponen los profesionales de diversas disciplinas, todos comparten la misma meta a cumplir, trabajando en función de un objetivo especifico desde su propia profesión.
Por otra parte Pizarro, R. (S/A: 11) define: “El equipo interdisciplinario, está constituido por un grupo de profesionales, en donde el trabajo es compartido, la responsabilidad es de todos y cada quien tiene un campo de acción definido…” Por lo tanto es el trabajo en conjunto y metódicamente que realizan los profesionales de un mismo servicio, bajo la responsabilidad de una autoridad.
Considerando lo anterior Pizarro, R. (S/A: 11) señala: “Para efectos de estudio, vamos a entender el equipo interdisciplinario como: La integración armónica de un conjunto de individuos que interactúan en forma duradera, para el logro de uno o varios objetivos comunes, por medio de una autoridad técnica y administrativa que, aunque centralizada, considera la delegación de funciones”.
Es por esto que el trabajo que se realiza debe ser en equipo, con el fin de que todos los profesionales persigan el mismo bien común, procurando el bienestar y mediación en las diferentes situaciones que se pueden generar al realizar una intervención. Por lo tanto la herramienta fundamental de trabajo en un equipo donde existen profesionales de distintas áreas será la comunicación, permitiendo la interacción adecuada entre los profesionales.
En palabras de Jesús Galindo (2001) citado por Rizo, M (2004:54)define: “La comunicación no sólo es una necesidad emergente, sino un estilo de vida, una cosmovisión, el corazón de la sociabilidad (…) La comunicación es efecto de un contexto ecológico de posibilidad, donde las diferencias se encuentran, pueden ponerse en contacto y establecer una estrategia para vincularse cooperando, coordinando, representando”.
La comunicación es el hilo conductor que permite a los profesionales de distintas áreas relacionarse, compartir hechos e información recabada de las personas intervenidas, por lo tanto se debe mantener una buena relación entre ellos, apoyándose mutuamente para generar un adecuado trabajo, enfocándose constantemente en el bien común que se desea lograr.
Según Watzlawick, Beavin y Jackson (1967) citado por Rizo, M (2004:63) señala: “Es imposible no comunicar, por lo que en un sistema dado, todo comportamiento de un miembro tiene un valor de mensaje para los demás…” Es por esto que a la hora de comunicar se debe ser cautelosos, procurando que los receptores del mensaje comprendan lo que se desea comunicar y lo interioricen de la forma que el emisor lo plantea, considerando el contexto en que se entrega y la situación en la cual se está dando la comunicación, de esta forma se genera un dialogo que permite a todos los participantes entregar apreciaciones y discutir el tema que se está tratando a través de una comunicación efectiva.
Las ideas que plantean los autores antes mencionados, son relevantes para poder generar la comunicación y que además esta sea efectiva, es decir que permita una adecuada participación de los profesionales, entregando aportes relevantes de acuerdo a su función y por otra parte entregar los mensajes de manera que el receptor entienda lo que éste quiso plantear.
La cooperación entre los integrantes de un grupo de trabajo, tiene como base la comunicación, sin ella sería imposible, porque la gente no podría dar a conocer sus necesidades y obtener la comprensión y el apoyo de los demás.
Es importante destacar que para mantener una buena comunicación entre individuos es necesario que el código del mensaje sea correcto y se considere la situación del receptor, analizando el contexto en que se desarrolla la comunicación y que el comunicador tenga su receptor.
Según De la Cruz, I (S/A: 20) señala: “…En este proceso de comunicación verbal tiene especial importancia la retroalimentación o feedback; la retroalimentación es el proceso mediante el cual conocemos el efecto que está provocando en nuestro interlocutor el mensaje”. Al utilizar la retroalimentación en un proceso de comunicación se puede conocer si el receptor del mensaje comprendió efectivamente lo que se planteó, y si lo recibió de la forma adecuada, como deseaba plantearlo el emisor. Es importante el proceso de feedback para comprobar que la comunicación que se está dando es realmente efectiva.
Es fundamental generar instancias de retroalimentación de lo que hemos comunicado, para conocer si estamos siendo claros en nuestro mensaje y si estamos favoreciendo el trabajo de los demás profesionales. De esta forma podemos reflexionar en conjunto con el equipo multidisciplinario acerca de la intervención que se está realizando y como nos estamos comunicando en función del bien común a lograr.
Por lo tanto, para generar una intervención integral que beneficie a los niños y niñas que asisten al CAVI, es importante considerar todos los contextos en que se desenvuelven, con el fin de que cada profesional del equipo multidisciplinario pueda aportan de manera significativa desde su disciplina, trabajando en equipo hacia el mismo objetivo y además realizando intervenciones de manera sistémica, en conjunto con las familias, ya sea de forma preventiva o reparatoria, contribuyendo al desarrollo integral de los niños y niñas a través de la reconstrucción de las dinámicas familiares, facilitando la potenciación de las habilidades que poseen sus hijos e hijas en todos los contextos que lo rodean.
Orientación psicopedagógica, progreso y educación emocional
Según Bisquerra (2006:2) señala: “Muchos de los conceptos sociales y educativos son construcciones que se han ido realizando a lo largo de la historia por parte de los especialistas en el tema. La orientación es uno de ellos. Por esto, de vez en cuando, conviene repensar el concepto que se tiene de orientación, ya que se trata de un marco teórico en evolución que está cambiando continuamente…” Cuando nos referimos a la Orientación Psicopedagógica no solo entregamos orientación escolar, vocacional y profesional, si no que a la vez debemos comenzar a reeducar a la población desde la prevención, ya que es parte de evolución que está tomando la carrera de Psicopedagogía en siglo XXI. Es por eso que hoy en día los maltratos de violencia física y psicológica parten por no haber tomado medidas preventivas desde la primera infancia y así en adelante.
Teniendo en cuenta lo mencionado, vamos conociendo los cambios que ha ido teniendo a través de la historia la Psicopedagogía y como está al ser una carrera relativamente nueva se ha ido definiendo y posicionando en los diversos ámbitos, ya sean de caracteres educativos, sociales y comunitarios.
En primera instancia la labor de un psicopedagogo/a, era trabajar dentro del marco de la educación. Hoy en día sabemos que no es necesario intervenir solo a los alumnos/as de una escuela, esto debido a que los aprendizajes están a toda hora y en todas las personas de una sociedad, ya sea: Escuelas, centros comunitarios, club de ancianos y así un sinfín de otras agrupaciones que van requiriendo cada vez mas del apoyo de un Psicopedagogo. En esta nueva área a intervenir, los psicopedagogos forman parte de un trabajo colaborativo, en conjunto con diferentes profesionales de otras áreas que se encuentran al servicio de la comunidad.
Dentro del siguiente marco teórico daremos a conocer en qué consiste la “Orientación Psicopedagógica” además de entender en qué consiste la educación emocional.
Según Bisquerra (2006:2), menciona que la Orientación Psicopedagógica: “Es un proceso de ayuda y acompañamiento continúo a todas las personas, en todos sus aspectos, con objeto de potenciar la prevención y el desarrollo humano a lo largo de toda la vida. Esta ayuda se realiza mediante una intervención profesionalizada, basada en principios científicos y filosóficos”.
La mayoría de las definiciones de orientación incluyen la palabra Ayuda como rasgo definitorio. Conviene insistir en que la orientación es un proceso continuo, que debe ser considerada como parte integrante del proceso educativo, que implica a todos los educadores y que debe llegar a todas las personas, en todos sus aspectos de desarrollo personal y durante todo el ciclo vital. Según las circunstancias, la orientación puede atender preferentemente a algunos aspectos en particular: educativos, vocacionales, personales, etc. (áreas de intervención); pero lo que da identidad a la orientación es la integración de todos los aspectos en una unidad de acción coordinada. Concebimos la orientación como una intervención para lograr unos objetivos determinados enfocados preferentemente hacia la prevención, el desarrollo humano y la intervención social. Dentro del desarrollo se incluye el auto-desarrollo, es decir, la capacidad de desarrollarse a sí mismo como consecuencia de la auto-orientación. Esto significa que la orientación se dirige hacia el desarrollo de la autonomía personal como una forma de educar para la vida.
Bisquerra menciona tres modelos básicos de intervención que en la práctica se pueden percibir, los cuales han demostrado como han contribuido en determinar la eficacia de estos modelos.
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a) El modelo clínico (counseling): Centrado en la atención individualizada, donde la entrevista personal es la técnica característica.
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b) El modelo de programas: Que se propone anticiparse a los problemas y cuya finalidad es la prevención de los mismos y el desarrollo integral de la persona;
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c) El modelo de consulta o asesoramiento (donde la consulta colaborativa es el marco de referencia esencial): que se propone asesorar a mediadores (profesorado, tutores, familia, institución, etc.), para que sean ellos los que lleven a término programas de orientación.
Es así como estos modelos han ido enmarcando el concepto de la orientación psicopedagógica, donde vamos aplicando cada vez más el concepto de prevención y desarrollo integral de la personas, además de saber que dentro de la orientación psicopedagógica el ser humano tiene la posibilidad de autodesarrollarse por sí mismo.
Así también el psicopedagogo realiza intervención en el ámbito educativo de manera integral, fortaleciendo todas las áreas instrumentales.
Con respecto a las áreas de intervención se puede decir que su conceptualización se fue ampliando principalmente a partir de la “revolución de la carrera”, adoptando un enfoque del ciclo vital.
Bisquerra (2006:4) menciona: “A partir de los años sesenta, fue tomando fuerza el “developmental counseling”. En los setenta surge el “primary preventive counseling” y la educación psicológica. Desde estos enfoques se hacen una serie de propuestas que no habían sido contempladas anteriormente…” Las cuales debemos tener en consideración a la hora de realizar una orientación Psicopedagógica, tales como: El desarrollo de habilidades de vida, habilidades sociales, orientación para el desarrollo humano entre otras. Pero esto no termina ahí, si bien hablamos desde un enfoque que ante pone la prevención y el desarrollo humano, no se consideran algunos aspectos de otras áreas. Ante eso debemos tener presente que la orientación Psicopedagógica mantiene ciertas características que incluyen las siguientes áreas de intervención y formación de los orientadores.
■ Orientación profesional.
■ Orientación en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
■ Atención a la diversidad.
■ Orientación para la prevención y el desarrollo.
Según Bazán, López y Yacometti (1995) citada por Careaga, R (2002:7) nos proponen que: “El psicopedagogo debe ser capaz de comprender a un sujeto que vive en una realidad social y cultural específica. Y continúan señalando “la psicopedagogía ignora frecuentemente la naturaleza histórica, social, cultural y política del hecho educativo (y psicopedagógico) y del sujeto que aprende…” Hoy en día la mayoría de los profesionales, desconocen los contextos de las personas con las cuales trabajan día a día. Más bien los miran como un número más y no como personas. Sin embargo es el contexto en el que se desenvuelven las personas, lo que nos entrega la mayor información de su actuar en su diario vivir, algo que debemos tener muy presente como futuras Psicopedagogas no solo detenernos en el problema de aprendizaje, si no que agudizar todos nuestros sentidos y mantenernos siempre alertas frente a cualquier cambio ya sea de forma: Emocional, conductual, social. Esto refleja lo que un niño/a, adolecente o adulto mayor puede estar sufriendo dentro de su hogar.
Por otra parte nos encontramos con que la orientación psicopedagógica es un trabajo en equipo que implica a un conjunto de personas: son los agentes de la orientación. Entre ellos está el orientador. Su formación, a efectos legales, puede ser en pedagogía, psicología o psicopedagogía. Pero además del orientador intervienen los tutores, profesorado y familia cuando nos referimos al contexto escolar. A ellos se pueden añadir, cuando estén en el centro, el maestro de pedagogía terapéutica, logopeda, fisioterapeuta, trabajador social, médico, etc. Cuando nos referimos a contextos extraescolares debemos contemplar equipos multiprofesionales que incluyen a psicopedagogos, pedagogos, psicólogos, educadores sociales, trabajadores sociales, médicos, técnicos en desarrollo de recursos humanos, economistas, etc.
Es así como la orientación psicopedagógica evocada desde la mirada de la prevención y autodesarrollo personal y social, se puede considerar en distintas áreas de trabajo y en la educación en general. La convicción de que para ciertos problemas (drogadicción, embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, etc.) la mejor solución (muchas veces la única) es la prevención. Como complemento está el desarrollo humano, entendido como el desarrollo de la persona en todos sus aspectos (intelectual, cognitivo, social, moral, emocional, etc.).
Dentro de la orientación para la prevención y el desarrollo se pueden considerar un conjunto de propuestas como: habilidades de vida, mejora de la autoestima, prevención del estrés, reestructuración cognitiva, cambio de atribución causal, técnicas de relajación, imaginación emotiva, desensibilización sistemática, temas transversales (educación para la salud, educación sexual, educación moral, educación ambiental, educación para la paz, educación viaria, educación del consumidor, educación para la igualdad), etc. Una de las propuestas en esta línea es la educación emocional.
Es aquí en este capítulo donde la labor de un psicopedagogo/a tiene todas las herramientas para entregar distintas estrategias por medio de charlas de carácter vocacional, talleres de habilidades sociales, personales etc, ofreciendo un sin número de actividades que fortalezcan el desarrollo integral de la persona desde la prevención.
Desde el área de la educación emocional tiene relevancia la teoría del aprendizaje social de Bandura (1977) citado por Bisquerra (2006:8) da a conocer: “Pone el énfasis en el rol de los modelos en el proceso de aprendizaje; esto sugiere la inclusión del modelado como estrategia de intervención y poner un énfasis en analizar como los modelos (compañeros, personajes de los mas media, profesores, padres) pueden influir en las actitudes, creencias, valores y comportamientos”.
La teoría de las inteligencias múltiples de Gardner (1995) citado por Bisquerra (2006:9) señala: “En particular por lo que se refiere a la inteligencia interpersonal y a la intrapersonal son un referente fundamental. La inteligencia interpersonal se construye a partir de la capacidad para establecer buenas relaciones con otras personas; la inteligencia intrapersonal se refiere al conocimiento de los aspectos internos de sí mismo”.
Teniendo en cuenta la teoría de Gardner, es que realzamos la importancia de conocer el tipo de inteligencia con el que cuenta cada individuo la hora de realizar una intervención psicopedagógica, esto con la finalidad de comprender más a fondo a la persona y la forma en que esta se desenvuelve en sus actividades diarias, las relaciones que mantiene con sus pares que lo rodean, ya sea en el trabajo, familia, escuela, universidad y amigos.
Psicopedagogía y trabajo con familias
Según Rodríguez, citado por Barquero (2014:2) plantea: “La familia es el principal eslabón social donde los niños y las niñas aprenden sobre el diálogo, la tolerancia, la solidaridad, el respeto a los derechos humanos y la búsqueda de la justicia, entre otros. Los aprendizajes obtenidos en esta instancia, posteriormente se multiplicarán en el intercambio que las personas mantengan con la sociedad.”
La familia desempeña en los primeros años de la vida del individuo una función de excepcional relevancia, porque canaliza su relación con la realidad del mundo. Los padres constituyen la principal referencia para la socialización de los hijos, mediante la transmisión de creencias, valores y actitudes, que incidirán en su desarrollo personal y social.
Sin duda es fundamental la tarea de las familias en entregar valores a sus hijos, además de habilidades sociales, que serán de gran relevancia para enfrentar etapas posteriores del desarrollo, como la adolescencia.
Según Estay, Jara y Mora (2009:30) plantea: “Afrontar el sufrimiento de niños y niñas en condiciones de riesgo y vulnerabilidad no es, en ningún caso, una tarea que pueda realizarse simplemente desde las armaduras de la razón. Por ello, saber teóricamente que la familia es un sistema, y que este se entiende como una totalidad relacionada de elementos en interacción dinámica en el que el estado de cada uno está determinado por el estado de los demás elementos constituyentes, nada nos dice del tenor y los ribetes particulares del sufrimiento allí experimentado”.
Por lo anterior, es importante poder intervenir psicopedagógicamente aportando en la entrega de herramientas hacia la familia, contribuyendo a la reparación emocional de los niños y niñas que han sido víctimas de algún delito violento, aportando de esta forma a su desarrollo de forma integral. Además es importante indagar si la situación vivida afecta de una u otra manera en el desempeño, motivación y conducta en el establecimiento educacional.
Según Torio, citado por Hernández (2007:13) menciona: “La relación familia-escuela es cuando menos compleja…” Esto debido a que la comunicación que se genere entre ambas dependerá de las características individuales tanto de la familia, como del establecimiento, lo que provoca la incomunicación que contribuye a un mayor distanciamiento entre los dos sistemas, afectando de forma directa al proceso de enseñanza de los alumnos y alumnas, quienes de una u otra forma absorben este clima adverso y aprenden en situaciones desfavorables para su desarrollo. Por lo tanto en educación lo primordial es mantener el diálogo entre ambos sistemas para encontrar puntos de convergencia que permitan la comunicación fluida y la participación activa de los padres en el contexto educativo de sus hijos e hijas.
Considerando el punto anterior, cabe señalar que tanto la escuela como la familia deben presentar la disposición a trabajar en conjunto, para lograr mejores resultados en los alumnos y alumnas, pero no solo en el ámbito académico, sino también en el ámbito social y de comunicación, contribuyendo así a mejorar diversos factores que influyen en la conducta y rendimiento de los niños y niñas.
Por lo tanto, debe considerarse todo el contexto que rodea al niño o niña, al momento de intervenir. Manteniendo una adecuada comunicación entre los entes que rodean al individuo.
En relación a las consecuencias que se pueden generar luego de haber sido víctima de algún delito, Marchiori (1997) según manual de capacitación en temas victimo lógicos (2009:23) plantea: “La experiencia de victimización no solo implica una vivencia traumática para la víctima, sino también para el grupo familiar al cual esta pertenece. En efecto, existe una estrecha relación entre los procesos emocionales de la víctima y su familia, influyéndose recíprocamente…” Por lo tanto cualquier situación vivida por algún integrante de la familia, afectará de una u otra forma al resto del sistema, generando una crisis y desequilibrio familiar, por lo que es necesario intervenir de manera sistémica en donde se involucre a todo el contexto familiar favoreciendo la reparación y recuperación del sistema familiar afectado.
Aliste y Escala (2006) citado en Manual de capacitación en Temas Victimológicos (2009:24) señala: “En este sentido, la dificultad que enfrenta la familia para construir un soporte emocional para el integrante que ha sufrido la agresión, representa una importante área de conflicto…” Por esto es fundamental el trabajo e intervención con toda la familia, ya sea de manera preventiva, en relación a emplear estrategias que permitan el desarrollo afectivo y vínculos positivos dentro de la familia, generando un clima de buen trato entre sus integrantes. Además se puede realizar una intervención enfocada en la reparación y superación de ciertos acontecimientos dolorosos que pueden surgir en el sistema que es la familia, donde lo principal será generar la comunicación, empatía y reconocimiento entre los integrantes.
Según Estay, Jara y Mora (2009:31) señala: “Analizar el sistema y la organización familiar de los casos a tratar, implica en primer lugar, generar aperturas discursivas y espacios de intercambio con y entre los miembros de la familia…” Esto es fundamental a la hora de realizar una intervención integral y sistémica, el hecho de generar instancias de dialogo y comunicación en familia, permite a dicho sistema dar a conocer opiniones y apreciaciones que pueden ser valiosas para superar el desequilibrio o crisis que están viviendo, por lo tanto lo primero será poder conversar, comunicar situaciones que no se han planteado y comprenderse mutuamente, entregándole valor cada integrante de la familia, considerándose todas las apreciaciones como validas.
Una comprensión eficaz de la noción de sistema orientada a la intervención ha de entender que no sólo la familia, la escuela, el barrio, entre otros, son sistemas, sino que también lo es la intervención. En este sentido, es necesario considerar la escucha, la promoción de factores protectores y la rehabilitación, fortalecimiento y apoyo de las competencias parentales como partes de un sistema comunicacional orientado a re-definir los modos en que se produce el cruce de construcciones discursivas significativas para los participantes de la intervención. La estructura y organización familiar, al escucharse a sí misma tiende a adquirir la capacidad de interpretar su propia realidad desde una perspectiva crítica, aún más cuando los profesionales a cargo de la intervención reivindican la confianza en la comunicación y el intercambio de posiciones.
En esta dirección, según Watzlawick (1997) Citado por Según Estay, Jara y Mora (2009:32)señala: “Lo relevante es observar que la comunicación implica considerar no sólo el nivel semántico de una comunicación (nivel digital), sino también el emisor, el receptor, el entendimiento de un mensaje, la interacción, la puntuación de las secuencias comunicacionales entre los participantes, etc. (Nivel analógico)”.
La importancia y relevancia de la intervención, más allá de las evaluaciones diagnósticas y de los planes generales y específicos de acción, se produce cuando padres, madres o cuidadores, se enfrentan emocionalmente con su desempeño y son capaces de evaluarse a sí mismos en relación a las necesidades de sus hijos o niños a cargo.
La alianza entre los profesionales y los padres o cuidadores, es aquello que permite concretar este proceso de evaluación. Cabe destacar, además, que esta alianza es posible sólo sí los profesionales no despliegan juicios morales condenatorios sobre el desempeño de los padres o cuidadores, no significando ello que se obvien las incompetencias parentales y los malos tratos acaecidos sobre los niños y niñas.
Por lo tanto, es fundamental intervenir desde la Psicopedagogía de manera holística en donde se integre a toda la familia y el entorno del alumno, atendiendo los procesos deficitarios o alterados que se detectó ante la evaluación diagnóstica, planificando un trabajo personalizado tomando en cuenta fortalezas y debilidades que se presentan para apuntar al desarrollo de habilidades cognitivas, escolares y de comunicación, contribuyendo al desarrollo integral de la persona en cuestión, así podrá gestionar cambios a nivel familiar, favoreciendo a todas las personas que integran este grupo familiar.
Experiencias abusivas y problemáticas
Los sistemas familiares resultan vitales para el desarrollo de todo ser humano, adquirir una funcionalidad en el sistema se vuelve un gran apoyo para el normal desarrollo de los hijos en cada familia. La familia cumple un rol central en el proceso de construcción de identidad y de desarrollo psicosocial de todos sus miembros, especialmente en los niños y niñas. Cuando los sistemas familiares se alejan de esta funcionalidad y los padres no cumplen con su rol principal, que es brindar protección, cuidado y satisfacción de necesidades básicas a los niños, aparece la negligencia parental como fenómeno, siendo esta una de las formas más recurrentes de violencia infantil.
Martínez (1997) citado por Saavedra (2014:26) define negligencia como: “Una condición en la cual una figura cuidadora que es responsable del niño(a), ya sea deliberadamente o por desatención, permite que el niño experimente sufrimiento evitable o falla en proveer uno o más de los ingredientes esenciales para el desarrollo de las capacidades físicas, intelectuales y emocionales de la persona”.
Por otra parte, entendiendo que en la mayoría de los casos las negligencias o experiencias abusivas ocurren dentro del hogar o círculo familiar en el cual se desarrolla el niño/a, Barudy (1998) citado por Saavedra (2014:28) propone el termino de familia negligente como: “La familia negligente corresponde a un sistema donde los adultos, especialmente los padres, presentan de una manera permanente comportamientos que se expresan por una omisión o una insuficiencia de cuidados a los niños que tienen a cargo”.
Las experiencias abusivas son amplias en nuestra sociedad, los cuales pueden ser conformados por actos de comisión y omisión, por parte de los responsables primarios o cuidadores hacia sus hijos, las formas más comunes de maltrato como bien se menciona antes suceden al interior de la familia, los cuales podrían traer consecuencias negativas en nuestros niños/as o arrastrar problemáticas a futuro en los mismos.
Según Cantón y Cortés (1990:4) existen diferentes formas de maltratos a las que los niños/as, jóvenes pueden estar sometidos las cuales son definidas como:
- Maltrato físico: Acción intencional que provoque daño físico o enfermedad al niño/a. (moretones, golpes, quemaduras, etc.)
- Abandono físico: Las necesidades básicas del niño/a no son atendidas por ninguna persona que convive con él. (Poca higiene, hambre, falta de controles médicos, desabrigo, etc.)
- Maltrato emocional: Agresiones verbales en forma de insulto, burla, desprecio, amenazada y negativa a iniciativas de interacción infantil por parte de cualquier miembro adulto del grupo familiar.
- Abandono emocional: Se produce cuando el adulto ignora las señales del niño/a, se presenta una falta de interacción y contacto por parte de la figura adulta responsable. (llanto, sonrisas, etc.)
- Abuso sexual: Todo contacto sexual a un niño/a menor de 18 años por parte de un adulto desde una posición de poder sobre él.
- Explotación laboral o mendicidad: Obligatoria realización de trabajos de manera excesiva por parte del niño, y que deberían ser realizaos por adultos, y que muchas veces tienen como único fin un beneficio económico para sus tutores.
- Corrupción: Conductas que impiden que el niño/a se integre normalmente y refuerzan la conducta antisocial y desviada, sobre todo con respecto a la agresividad, sexualidad, drogas y alcohol.
Es por ello que en Chile, se han creado programas y servicios en estricto beneficio de los niños/as, buscando aportar soluciones y ayuda a diferentes problemáticas en los cuales se encuentren inmersos.
El maltrato no siempre es “visible” en algunos casos porque puede ejercerse sin dejar huellas físicas en el cuerpo; en otros, porque la víctima está sometida al silencio, y la violencia es ejercida en la intimidad de la vida familiar.
Sin embargo, aún en los casos en los que no pone en peligro la vida de los niños, niñas o adolescentes, tanto el maltrato en cualquiera de sus formas, como la negligencia o el abandono son gravemente dañinos por el dolor que provocan y por los efectos que dejan en el desarrollo intelectual, social y emocional de quienes lo padecen o han padecido.
Dentro de las líneas de Atención del CAVI se encuentra la atención a niños/as ya adolescentes que han sido víctimas de delitos sexuales.
Según Carrasco (2012:165): “Nuestras cifras como CAVI revelan que un 44% de las víctimas de un delito sexual ha sido victimizado por un familiar, en un 80% corresponde a familiares directos: en un 41% padres biológicos, un 18% padrastros, un 23% tíos, abuelos, hermanos, primos y en un 13,7% lo componen conocidos y amigos no familiares”.
Durante la infancia media entre 6 y 11 años aproximadamente, las víctimas de abusos sexuales presentan problemas internos (depresión) y externos (agresión y desordenes del comportamiento) de conducta. Como en el caso de las victimas de preescolar, el abuso sexual durante esta etapa se ha relacionado con la conducta sexualizada e incluso con el inicio de actividades sexuales. Otros síntomas frecuentes en los escolares víctimas de abuso sexual son miedos, pesadillas, neurosis, baja autoestima, hiperactividad, efectos en el funcionamiento cognitivo y problemas escolares.
Existe un importante cuerpo de investigación en curso sobre las consecuencias del abuso y la negligencia de menores. Los efectos varían dependiendo de las circunstancias del abuso o la negligencia, las características personales del niño y su entorno. Las consecuencias pueden ser leves o severas. Pueden desaparecer al poco tiempo o durar toda la vida. Además de afectar al niño física y psicológicamente, estas consecuencias pueden afectar su comportamiento o manifestarse en combinación. A fin de cuentas, el abuso y la negligencia de menores generan altos costos para las entidades públicas como los sistemas de salud, servicios humanos y escolares, y su impacto no solo afecta a los niños y las familias, sino a la sociedad en general. Por lo tanto, es importante que las comunidades puedan ofrecer un marco de estrategias y servicios de prevención antes de que el abuso y la negligencia ocurran y que estén preparadas para ofrecer remedios y tratamiento cuando sea necesario.
El bienestar en el desarrollo de los niños y niñas, es resultado de una serie de factores que tienen que ver con aspectos individuales, familiares y también sociales, respecto de esto último la comunidad debe ser capaz de poner recursos comunitarios que vayan en función de un desarrollo integral de los niños y niñas, de esta comunidad.
El bienestar infantil está directamente relacionado con los buenos tratos que los niños y niñas reciban; esto a su vez es producto de la existencia de competencias parentales, las cuales se ven representadas en las respuestas adecuadas que los adultos entreguen ante la satisfacción de las necesidades de los niños.
Para que se produzca lo antes mencionado, además deben existir recursos comunitarios que vayan en función de satisfacer las necesidades de los adultos y de los niños.
En tal sentido, el CAVI Coyhaique ha ido desarrollando prácticas de atención al quehacer cotidiano de sus profesionales. Según Carrasco (2012:164): “La dupla psicosocial ha implementado un sistema de atención organizada. De este modo, la psicóloga atiende a niños/as víctimas de delitos sexuales con una línea terapéutica tendiente a la reparación del daño emocional asociado a la experiencia abusiva, línea que ciertamente cuenta con respaldo y modelos teorices, propios de la psicología que han sido bastante desarrolladas; no obstante, la intervención en el plano familiar para niños que han sido victimizados sea dentro de sus familias como fuera de ellas, se encuentra menos desarrollado y menos aun en el ámbito del trabajo social”. A pesar del apoyo brindado falta crear vínculos o conexiones que permitan una intervención integral como lo podría ser el comienzo de apoyo psicopedagógico para la realización de intervenciones para estos niños/as víctimas de delitos violentos.
Psicopedagogía social
Según estudios de UNICEF (2000:1), en América Latina 6 millones de niñas y niños son agredidos severamente por sus padres o familiares y 85 mil mueren cada año como consecuencia de estos castigos. En Chile, el 73,6% de los niños y niñas sufre violencia física o psicológica de parte de sus padres o parientes. El 53,9% recibe castigos físicos y un 19,7% violencia psicológica. Un 26,4% de los niños, niñas y adolescentes nunca ha vivido situaciones de violencia por parte de sus padres. En Chile la violencia hacia los niños o niñas es una práctica frecuente según estudios realizados en UNICEF (2000). Los casos de maltrato infantil que logran visibilidad pública, por su dramático desenlace, sólo constituyen una pequeña parte de una realidad mucho más amplia y generalizada. Un significativo porcentaje de la población considera al castigo físico y psicológico como una herramienta “educadora”. Es evidente que se trata de una práctica mucho más arraigada de lo que se supone y en la medida que no se modifiquen los múltiples factores sociales, culturales y económicos que la sostienen, se mantendrá por años.
Así también si tomamos en consideración la vulneración de derechos que sufren los niños/as que acuden a este centro podemos indagar que las consecuencias del maltrato infantil se hacen visibles a mediano y largo plazo en el desarrollo sicosocial y físico de las personas. Es probable que detrás de problemas de aprendizaje, de comportamiento y agresividad se escondan situaciones de maltrato físico, abuso y/o abandono. Los daños emocionales causados a temprana edad pueden significar “marcas imborrables” para toda la vida. Un niño maltratado podría llegar a ser un adulto maltratador y violento, con lo cual reproduce la violencia física o psicológica hacia sus parejas o en sus propios hijos.
Según Úcar (2000:8) señala: “La función del psicopedagogo pasa, desde mi punto de vista, por vincular los procesos de enseñanza-aprendizaje, las problemáticas derivadas de dichos procesos y la propia vida cotidiana de los centros educativos con contextos más amplios de significación de los que aquellos también forman parte.” Podría de venir, de esta manera, en una especie de mediador entre la cultura escolar y la cultura social (de barrio, distrito, pueblo, etc.). El psicopedagogo debería constituirse, en este sentido, en un interlocutor privilegiado para “sea desde el propio centro educativo o desde el EAP” conectar y compartir casos, situaciones y problemáticas con el resto de profesionales de la intervención socioeducativa”. Por ello es que el psicopedagogo cumple un rol primordial en este proceso ya que a través de una intervención integral, genera grandes cambios a nivel educativo, emocional y social, entregando herramientas y apoyo al niño/a que lo requiera, así también a la familia y comunidad.
En Coyhaique, no existe el apoyo psicopedagógico dentro del equipo multidisciplinario para las víctimas de delitos violentos (CAVI), es esto lo que motiva a realizar esta investigación, ya que el hecho de no prestar apoyo educativo no se realiza una intervención integral en su totalidad.
¿Cuáles son las funciones y el rol del psicopedagogo?
El psicopedagogo es un profesional de la educación científicamente preparado para seleccionar, graduar y estructurar estrategias de intervención en la atención de sujetos que presentan dificultades en el proceso de enseñanza aprendizaje, pudiendo obedecer éstas a un desarrollo inadecuado de los procesos psicológicos de base no asociado a discapacidad, como también a factores en las áreas socio-afectivas que dificultarían el aprendizaje. Estudios en este sentido sostienen que el Rol del psicopedagogo está definido como un profesional que estudia, diagnostica e interviene en el aprendizaje, su potencialidad y sus alteraciones dentro de los contextos educativos formales y no formales. Los psicopedagogos son profesionales de la educación preparados para estructurar estrategias de intervención en la atención de niños con dificultades específicas en el aprendizaje escolar, también cumplen funciones como: diagnosticar, prevenir, reeducar e intervenir dificultades de aprendizaje en las áreas de lectura, escritura y cálculo, en niños y jóvenes insertos en el sistema educacional. El psicopedagogo tiene la capacidad de insertarse en los procesos de evolución de la enseñanza, diseñando cambios e innovaciones por medio de adaptaciones curriculares para apoyar, orientar y guiar los casos de niños que presentan necesidades educativas especiales, donde aplican programas de seguimiento para constatar la evolución y progreso del niño.
El Psicopedagogo utiliza técnicas y tecnologías psicopedagógicas para potenciar los aprendizajes e cualquier edad y solucionar problemas derivados de los trastornos de aprendizaje.
El psicopedagogo está capacitado para desempeñarse en las distintas áreas como: educación, salud y social comunitario, en instituciones públicas y privadas, y puede acceder a la ejercicio libre de su profesión.
En esta ocasión nos enfocaremos en la psicopedagogía social comunitaria.